Entre lágrimas cuenta que su hijo quería convertirse en ingeniero ambiental. Se preparaba día y noche en una academia, soñando con sacar adelante a su familia y darle un futuro mejor a sus padres. Por eso alquilaron humildemente un cuarto donde vivir… pero ahí mismo terminó su historia.Lo más doloroso es que nadie se dio cuenta de su muerte hasta después de siete días.

Hoy este padre no pide dinero. Solo pide conocer la verdad sobre cómo murió su hijo. Pero la pobreza golpea tan fuerte que muchas veces no deja ni tiempo para exigir justicia.

“Solo Dios sabe cuánto duele perder a un hijo”, repite mientras sus lágrimas caen en silencio.

Detrás de cada joven que llega desde un pueblo buscando estudiar, hay una familia entera llena de esperanza. Y detrás de cada tragedia como esta, queda una pregunta que rompe el alma.

Por Editor

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