POR JOSÉ CARLOS REYNOSO CAMPOS.

En plena temporada de lluvias, cuando los campos deberían estar recibiendo agua constante, diciembre de 2025 trajo una sorpresa para los agricultores del Callejón de Huaylas: varios días sin lluvias, más sol de lo habitual y suelos que empezaron a secarse. A este fenómeno, conocido en el campo como “veranillo”, hoy se le reconoce técnicamente como una pausa en las precipitaciones dentro de la misma estación lluviosa.

Este evento pone en evidencia una de las principales brechas del sector agrario regional: la ausencia de un sistema agrometeorológico. Dicho sistema debería permitir; en primer lugar, contar con información confiable sobre los principales parámetros meteorológicos; en segundo lugar, realizar prospecciones que orienten al agricultor en la adopción de medidas preventivas; y finalmente, implementar acciones de apoyo tanto en asistencia técnica productiva como en medidas de mitigación frente a los impactos de fenómenos adversos asociados al cambio climático.

Los reportes del SENAMHI, aunque limitados en forma y fondo, registraron durante ese mes condiciones secas en gran parte de la sierra. Esto afectó especialmente a cultivos como la papa, que se encontraban en una etapa crítica de su desarrollo. La falta de agua redujo el crecimiento de tallos y raíces. Posteriormente, en enero, las lluvias se intensificaron y superaron el promedio histórico, acompañadas de alta humedad y temperaturas que estimularon procesos fisiológicos asociados al crecimiento vegetativo (tallos y hojas). Sin embargo, la formación de tubérculos se mantuvo rezagada. Esto repercute actualmente en la cantidad y tamaño de los tubérculos cosechados, generando menores rendimientos al cierre de la campaña.

Ante a esta situación, se recomienda brindar apoyo a los agricultores de las zonas más afectadas -como Ocros, Bolognesi, Recuay, Carhuaz (marcará), Sihuas, Pomabamba, entre otras- mediante el Seguro Agrario Catastrófico u otros mecanismos de gestión del riesgo de desastres.

No obstante, la oferta y los precios se vean alterados en esta temporada; para las próximas campañas resulta indispensable ajustar las fechas de siembra y fortalecer el acceso a información climática oportuna. Estos fenómenos nos recuerdan que la adaptación climática ya no es una opción, sino una necesidad para garantizar la seguridad alimentaria de Áncash y del País.

Por Editor

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